"PERFORMANCE MASIVA"

Daniel Rojo

 

Es noticia mundial: Después de lograr el record mundial en desnudos multitudinario, el fotógrafo, Spencer Tucnik, con la colaboración de Greenpeace reúne a 600 personas en un glaciar suizo. Hombres y mujeres se desvistieron cerca del glaciar Aletsch, clasificado como patrimonio mundial de la UNESCO y víctima del cambio climático. Las fotografías servirán para una campaña internacional.

El fenómeno mediático de Tucnik es calificado en algunos medios artísticos como performance masiva, dada la aparente masividad de los cuerpos empleados. ¿Pero es realmente una performance? Dado que una de las características fundamentales de esta disciplina artística es la no-representación, la ausencia de un artificio “teatral” o escénico y la acción del cuerpo como arma de lenguaje, se nos antoja que tal performance masiva no es sino un montaje, una hermosa fotografía en la que se ha empleado a cientos de personas, a veces miles, pero no performance en sentido estricto.

Sirve a una causa, sin embargo, tiene una razón de existencia en el hecho mismo de su presentación, y esta esta podría ser una característica común con las performances políticas. Pero de nuevo en este aspecto, y hablando con rigor, tendríamos que reconocer que el espectáculo supera a la ideología. El acontecimiento es capaz de atraer de tal modo la atención que muchas ciudades pagarían porque Spencer llegara a sus ayuntamientos con una oferta. Espectáculo es, además, en cuanto precisa de unos actores, semejantes a los necesarios para realizar un minuto de una clásica superproducción, y de un público –el mundial, a través de los telediarios-, además de una estrella mediática, el propio Spencer.

¿Qué está ocurriendo? ¿Necesita la sociedad contemporánea de delirantes performances para justificar su propio macro delirio, aquel en el que nos hayamos insertos como individuos consumidores de delirios ajenos?

Otro ejemplo: El escultor de luz Rohaselden precisa de grandes cantidades de gente, a modo de autómatas, para realizar sus tapices lumínicos, edificios que se “encienden” en su interior organizando sinfonías de colores. Su última propuesta entra a formar parte del programa de “Noche en blanco”, que se paseará por diferentes ciudades europeas, entre ellas Madrid, en Septiembre. En este caso ya no hay “excusa” social para realizar el evento. Simplemente se trata de realizar una pintura abstracta con luz y utilizando a mucha gente. Es seguro que el escultor Rohaselden consiga reunir a más mecánicos para su particular performance que una convocatoria para conseguir vivienda digna en España.

De esta pasión del público por entrar en el Gran Acontecimiento hay muchos ejemplos a lo largo de la historia de las civilizaciones. En el fondo, pervive un deseo de inmortalidad, de cooperación en el momento inmortal, aquel, en el que a pesar de ser nosotros granitos de arena, formamos parte al entrar voluntariamente en el juego y del que estamos seguros que se hablará a lo largo de los siglos, pues se trata de un acontecimiento único, singular y grandioso.

Con más modestia y con mucho menos publicidad, Beth Moyses propuso en Marzo una marcha nupcial en Sevilla dentro de la exposición de arte 'Carrera de Fondo', con el objetivo de protestar contra la violencia de género, donde las participantes quemaron un centenar de objetos que simbolizan este trágico problema.

¿Cuál es la diferencia entre esta performance masiva y la anterior de Beth? La respuesta gira en torno a la utilización de los “actores” de la performance, su activa participación, su voluntad decidida a no ser sólo parte de la foto sino también performistas paralelos a la autora, no lacayos de ella. La performance acaba cuando los cuerpos son mera cuestión de estética y comienza cuando son por sí mismos expresión libre y generadora de emociones.

Con mucho más rigor podríamos hablar entonces de performance masiva cuando nos referimos al espectáculo de Roger Waters, The Wall, en Berlín 1990. Pero aún más certera sería nuestra apreciación si dirigiéramos la mirada hacia movimientos sociales de protesta: La gran acampada de París de “Los hijos del Quijote”, o las actividades de Masa Crítica, sacando todos los meses espontáneos ciclistas a las calles. Incluso las masivas celebraciones del Orgullo Gay, con artistas representando las minorías sexuales, étnicas, religiosas, inmigrantes… son expresiones de performance mucho más rigurosas que los montajes publicitarios de Tucnik, muy interesantes de cualquier manera para su análisis sociológico.

 

Performance masiva de Daniel Rojo en La Plaza Roja de Moscú


Performance masiva de Daniel Rojo en La Plaza Roja de Moscú